jueves, 12 de julio de 2012

Hotel E- Priit Pärn (1992)


Priit Pärn - Hotel E from Sigue Sigue Fabrique on Vimeo.




“En cada muro que separa, uno encuentra una puerta que une. Víctor encuentra esa puerta. Sin rostro, sin nombre, Víctor está preparado para irse. Aún así, cada partida es una llegada. Cada llegada, no obstante, no es un retorno. Víctor ha empezado un juego peligroso…”


Aunque se trata claramente de una alegoría que representa el drama vivido por numerosos países europeos a fines de la década de los ochenta y comienzos de los noventas a raíz de los cambios políticos y sociales que tuvieron lugar en dicho entonces, “Hotel E”, el cortometraje más ambicioso y más serio de Priit Pärn mantiene la fuerza de su mensaje por medio de una historia en la cual el lujo, la opulencia y la frivolidad conviven muy de cerca con el caos y la miseria. A través de un sombrío primer prólogo (El cual es seguido por otro más, de carácter algo más luminoso, aunque también cargado de un fuerte simbolismo) Priit Pärn consigue introducir al espectador en una realidad cambiante, confusa, en la cual no se puede saber en qué creer o cómo actuar.

Un muro separa a dos estilos de vida radicalmente distintos entre sí, y quienes habitan de un lado no se preocupan (o piensan) mayormente en quienes están del otro lado, salvo por el protagonista, quien descubre por medio de una puerta el nexo existente entre una y otra sociedad, yendo este luego en busca de una esperanza para sí; sin embargo, lo que en un lado es caos y represión, en el otro lado puede resultar algo decepcionantemente engañoso para quienes ponen en su fe en la realidad de ensueño que presenta un aparato de televisor, “ventana” de los oprimidos en medio de su oscuro entorno.
Por medio de una serie de arquetipos y metáforas visuales, “Hotel E” hace una durísima crítica a dos sistemas distintos que no pueden crear un mundo mejor para nadie y solamente crean aplastantes factores de separación, los cuales provocan que unos se sientan totalmente ajenos a los problemas de otros, y también haciendo perder su identidad a las personas por medio de un regímenes deshumanizantes: Por un lado, el “Sueño Americano” es presentado por medio desde una óptica colorida y brillante, en la cual, quienes viven dentro de ese sistema llevan una vida llena de placeres, pero vacía y estéril, enfrascándose así en una serie de actividades sin mayor sentido que el de pasar el rato. Por el otro lado se encuentra un mundo de violencia y desorden; aquí también las personas son sometidas a una serie de rutinas absurdas, aunque no para su entretenimiento, sino para su control: Es un clima de miedo y tensión permanente, que anula la individualidad, convirtiendo a la gente en seres anónimos, temerosos y sometidos. El protagonista del cortometraje logra escapar de esta realidad, pero no halla tampoco su lugar dentro de las reglas de vida de “El sueño Americano”.

Cuando las circunstancias le obligan a volver, no encuentra un hogar verdadero ni en un lado ni en otro, pero el mismo muro que separa las existencias está destinado a caer tarde o temprano, aunque eso no sea precisamente muy del agrado de la gente en ambos lados. Así, “Hotel E” termina con un final totalmente abierto y abrupto, que refleja muy bien las incertidumbres que distan mucho de haber desaparecido en el tiempo presente. Aunque los actores sean distintos, el drama es similar, y la misma tragedia se repite a través de las épocas: En este sentido, “Hotel E” es una sátira bastante amarga, totalmente ajena al maniqueísmo presente en otros cortos animados de las décadas anteriores, en las cuales por lo general se demonizaba a una de las ideologías implicadas; aquí en cambio se muestra con el más absoluto de los desencantos el lado más desagradable de ambas caras de la moneda.
El absurdo, factor desencadenante de humor negro y la fantasía en los otros cortos de Priit Pärn aquí sirve como una herramienta para recrear un drama de trasfondo pesimista y siniestro, expresando con todos sus colores la tragedia de un mundo en donde los más marcados y brutales contrasten son el pan de cada día, por más grandes que sean los muros (reales o simbólicos) que se erijan.

5 comentarios:

Miquel Díaz dijo...

Conocía a Priit Pärn de cuando hice el especial sobre los países Balticos, la verdad es que me encantó la técnica que usa.

Vi imagenes de un corto, no se si era de Pritt Pärn, era de stop motion hecho con muñecos de planchas de acero de tamaño real, lo busqué pero no lo he encontrado, lo conoces?

Alvaro dijo...

No conozco ese cortometraje, pero sé que Jan Svankmajer hizo un cortometraje con títeres de tamaño real, llamado Don Sajn:http://www.youtube.com/watch?v=8XnrQTjts-I&feature=related

Miquel dijo...

Espera... pero ésto es stop motion? No es suitmation? (actores disfrazados)

Alvaro dijo...

Son marionetas.

Elisaul dijo...

Buen analisis, aunque debo decir que el corto se me hizo pesado pero admiro incluir tantos estilos de animacion distintos, la musica si se me hizo repetitiva. Eso si, el prologo me parecio fantastico.