jueves, 23 de diciembre de 2010

“Los Fantasmas de Scrooge”: O lo que las computadoras (Aún) no pueden hacer.


Hay historias que trascienden más allá de cualquier lugar o época en donde estas se hayan originado, de forma que son capaces de llegar directamente a cualquier clase de público, sin importar a que país o cultura pertenezca. Son estas las historias citadas una y otra vez por los autores, volviéndose una influencia permanente para más de un artista o creador.
Estas historias, bien fuera por su carácter sencillo, o complejo, forman parte de la memoria colectiva de cada lector (o espectador) que alguna vez haya tenido la oportunidad de ser partícipe (A través de la lectura o visionado) de estas historias.
“Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens, es una de esas historias. La clásica historia de aquel personaje amargado y cínico que termina reconciliándose con la vida, y con su propio interior se ha vuelto, a través de los años, el parámetro con el cual se han medido un sinfín de historias y producciones realizadas en los años posteriores. Es el relato navideño por excelencia, un relato profundamente sentimental y emotivo que ha llegado al corazón de más de un lector, y que ha conocido más de un versión televisiva y cinematográfica.
Scrooge es el arquetipo del personaje clásico, del viejo que mira a la vida con aparente desdén y frialdad, pero en cuyo interior se esconde un pasado marcado por la tristeza y el dolor, y que por medio de una intervención de un elemento sobrenatural (Bien sea este simbólico o literal) consigue recobrar todas aquellas facultades buenas que tenía dentro de sí, aquella bondad olvidada (O tal vez escondida) a raíz del sufrimiento o decepciones acumuladas a lo largo de una vida. Es un relato oscuro y melancólico, pero a la vez optimista, lleno de esperanza.
Es también un relato de denuncia acerca de las crueldades e injusticias de las cuales fue testigo su autor en la época que en la que a este le tocó vivir, aunque buena parte del mensaje de la obra original posee una vigencia y atemporalidad, la misma que permite que esta historia cuente hasta el día de hoy con nuevas versiones y adaptaciones (Algunas buenas, unas pocas excepcionales, una mayoría que se queda en la medianía, y otras tantas francamente horribles)

La animación, desde luego, no ha sido ajena a este relato: Entre las versiones más destacadas podemos mencionar la versión de Disney (El corto “Mickey's Christmas Carol” realizado en 1983) y el magnífico corto animado de Richard Williams ganador del Oscar en 1972. Ha habido muchas otras más versiones, aunque realmente muy pocas versiones animadas han captado el tono de la obra original, limitándose a ser adaptaciones de lo más pragmáticas , en las cuales tan sólo la premisa básica se mantenía, mientras que el resto de la trama se modificaba, o no se respetaba.

“Los Fantasmas de Scrooge”, largometraje realizado en el 2009 por Robert Zemeckis (Director de “Forrest Gump” “Quién Engaño a Roger Rabbit” y la trilogía de “Volver al Futuro”) buscó presentarse al público como una “versión definitiva” de la clásica historia de Dickens, recreada en forma superlativa por medio de las modernas técnicas de animación digital.
El resultado final, aunque en gran medida respeta al texto en el cual esta película está basada, deja mucho que desear. Más que nada (A mi parecer) porque el enfoque que Zemeckis le da a es precisamente el más adecuado para llegar al público moderno.
En la versión de Zemeckis, cada elemento fantástico de la historia busca ser representado en forma “espectacular”, una suerte de “montaña rusa” de la era Victoriana. Y es por eso, precisamente, que la historia de Zemeckis no consigue llegar al público, más allá del hecho que esta sea una historia muy conocida y vista muchas veces con anterioridad.

Es que la belleza de la historia de Dickens no reside en lo “espectacular” o “sorprendente” que esta sea, sino en la profunda Humanidad y calidez que esta transmite. Una Humanidad y calidez que no pueden ser transmitidas a través del frío perfeccionismo técnico de la captura de movimiento usada por Zemeckis en sus últimas películas. En ningún momento, puede establecerse en una “conexión” real con los personajes de la película. Están allí, como muñecos sin mayor emoción, que se limitan a representar el papel que les corresponde. Son figuras acartonadas, representaciones de humanos que no llegan a serlo del todo.

Y esto no tiene nada que ver con que sea una producción animada: ¿No se sienten muy reales, en cambio, personajes animados clásicos como Bugs Bunny? ¿No son más reales los personajes de películas como “Up: Una aventura de Altura” que los fríos maniquíes de Zemeckis? Pensemos en el efecto irónico de “El Valle Inquietante”: Mientras más realista sea una representación artificial de algo existente en la naturaleza (Particularmente los seres humanos) más difícil es para las personas establecer una conexión emocional con estas.
Este defecto lastra la última producción de Zemeckis, y prácticamente desvirtúa los aciertos que esta película pudiese tener (Como por ejemplo, una más que acertada banda sonora) Estoy seguro de que el Valle Inquietante será superado algún día, pero de momento, pienso que a la animación digital le queda un gran camino que recorrer todavía.
Es curioso, pero el único personaje que destaca en toda este largometraje, el único que posee características propias, es el protagonista, Scrooge, en su versión anciana, en donde su avanzada edad, nariz puntiaguda y figura encorvada le dan, siquiera, unos pocos rasgos de estilización, de caricatura. Y son precisamente estos rasgos que permiten, siquiera, un poco de empatía hacia él. Una vez más, los personajes caricaturescos resultan más entrañables que los personajes “realistas”.
Bien es cierto que la tecnología al servicio de una buena historia logra resultados formidables, pero también influye en cómo esta es contada. Una historia sumamente familiar puede ser contada de forma completamente distinta, y de esa forma enganchar a un público perteneciente a una nueva generación. Así sucede con cosas como “Avatar”, que recicla exitosamente tramas ya vistas con anterioridad, por medio de una narración amena, y un guión que facilita la espectacularidad visual (El aspecto más notable de esta obra) cosa que lamentablemente no ocurre aquí.
“Los Fantasmas de Scrooge” tal vez no sea la peor versión de “Un Cuento de Navidad” de Dickens, pero lamentablemente constituye una producción olvidable, que pasó sin pena ni gloria y que no se recordará mucho en los años venideros. Tal vez habría sido distinto si Zemeckis hubiese optado por hacer esta película con actores reales o por medio de la animación tradicional. O quién sabe. Cuando menos, habría servido para sacar a la luz si es que este director en verdad “perdió su toque”, o simplemente se extravío del camino por obsesionarse más con la tecnología que con la narrativa.

¡Y por cierto, que muecas más horribles hacen todos los personajes, aún cuando pretenden expresar felicidad…!

1 comentario:

Miquel Díaz dijo...

Si, posiblemente "Cuento de Navidad" junto con "Don Juan Tenorio" y "La Passión de Cristo" es una de las obras literarias que exponen una alegoría de la esencia del hombre más influyente en la cultura occidental.

No he querido ver Los Fantasmas de Scrooge, si bien me parece la "mejor" obra de Image Moovers