miércoles, 12 de mayo de 2010

Tekkon Kinkreet:La brutalidad y la inocencia


Tekkon Kinkreet, película anime dirigida por Michael Arias, es uno de los más originales y sorprendentes animes que alguna vez se hayan hecho, presentándonos un mundo colorido y vital, pero al mismo tiempo turbulento, en el cual las emociones y los personajes deambulan con pasmosa velocidad, representación inusual e hiperbólica de todo aquello que constituye el mundo de la niñez, con sus maravillas y horrores.

En esta película, los niños son capaces de hacer proezas increíbles, al más puro estilo de un superhéroe, y también se ven envueltos en situaciones terribles y macabras, más en ningún momento dejan de ser niños: Juegan, imaginan, ven el mundo con ojos de asombro, y en ocasiones, con el más absoluto desconcierto.

La maravillosa metáfora del fuego, que atrae e ilumina, pero que también es capaz de quemar y destruir, sirve también para esta película: La ciudad, con sus colores y extraños monumentos, parece un parque de diversiones, una inmensa urbe de juguete. Y es en esta misma ciudad en donde ocurren los asesinatos y las torturas, pero en la que también existe la bondad, la esperanza, la poesía.

Aquí, la luz y la oscuridad no son dos fuerzas opuestas, sino que coexisten en un mismo territorio, a veces dentro de un mismo personaje: Negro y Blanco, como los dos protagonistas; inocencia y brutalidad; paz y violencia que constituyen el diario vivir en esa jungla de concreto, que acoge, pero no perdona: Como buena jungla, es un lugar en donde impera la ley del más fuerte, el sitio en donde los niños deben crecer, volverse adultos para sobrevivir. Sin embargo, la inocencia y la luz se niegan a morir: Incluso después de los eventos más crueles y catastróficos, su fuerza sigue vigente, es más real, más duradera que el de las armas, que el de la violencia.

Negro y Blanco, los dos personajes que se complementan así mismos, encarnan la dualidad de la naturaleza humana: A veces son héroes, a veces son monstruos, llevan monstruos dentro de sí, pero no dejan de ser niños: Este último hecho es aquel que constituye la base de su humanidad y de su alegría: En la capacidad que posee la inocencia de existir aún en medio del peor ambiente, y de triunfar aún cuando existan un millón de fuerzas adversas. Esta cualidad de “creer” es la que permite a los protagonistas dar fe de una redención, de un triunfo del bien frente al mal, de la luz que vence a la oscuridad, del niño que crece y que conserva su inocencia y su bondad.

Negro y Blanco se complementan, y en su unión existe el orden y el equilibrio, el mismo que es frágil y a la vez poderoso. El mismo orden imperante en la naturaleza y en el corazón del hombre, y que implica la necesidad del yo con relación al “otro”: Los opuestos no sólo se complementan, sino también se funden, son uno sólo hayan su plenitud perfecta: Luz y oscuridad, poesía y violencia.


3 comentarios:

Miquel Díaz dijo...

Vi casi seguidas ésta película, Pom Poko y Paprika. Me llama mucho la atención esta explosión del estilo artístico Super-Flat en las producciones de Anime de los años 2000.

Miquel Díaz dijo...

Bueno "Estilo Superflat"... Me refiero más bien a la estética hiper-saturada de conceptos tradicionales y contemporaneos de la cultura oriental de una forma practicamente caótica.

Alvaro dijo...

Sí...
En esta película la mezcla de los elementos es aún más notoria y excesiva que en "Paprika" o "Pom Poko" pero precisamente ese detalle fue una de las cosas que más me gustó de esta película.