lunes, 26 de abril de 2010

Martín Fierro: Una épica en caricatura


Quizá como una consecuencia de la globalización, las artes de los diferentes países se han visto afectadas por cierto grado de aculturación, la misma que motiva a los artistas a realizar una búsqueda de discursos de carácter universal, a fin de que su trabajo resulta accesible y (por qué no) rentable al público de cualquier nación.
Más de una vez, estos discursos “universales” surgen como una imitación de la voz y el estilo de otros artistas: Los más conocidos y exitosos, aquellos que se llevan los más importantes galardones, aquellos que poseen fama y reconocimiento en todo el mundo. En gran medida, esto es lo más lógico porque, después de todo ¿Quién no quiere ser como los mejores? El proceso de imitación ha estado presente en otras épocas, pero ahora, más que nunca, se busca la preparación de productos de consumo masivo, accesibles y comercializables.
La animación, un género considerado a menudo como algo propiamente norteamericano, ha experimentado en los últimos años un proceso de crecimiento de expansión: Son las cintas animadas para público familiar las que consiguen las más altas cifras en la taquilla, y más de una vez consiguen ganarse a un público de todas las edades.
En Latinoamérica, lamentablemente, no ha habido muchas obras animadas, en gran medida por falta de presupuesto, y también porque muchos cineastas no lo veían como un género “artístico” sino más bien como algo comercial, un género de “evasión” y entretenimiento. No obstante, gracias a la revitalización experimentada por este género en las últimas décadas, ha aparecido en esta parte del mundo diversos títulos animados, los mismos que surgen como una competencia directa con las más caras producciones del globo.
Allí tienen, por ejemplo, a películas como “Piratas en el Callao”, “Dragones: Destino de Fuego” y “El delfín” (Peruanas) "Ogú y Mampato en Rapa Nui" (Chilena) “El arca” y “Plumíferos” (Argentinas) Por desgracia, tal como muchas críticas han señalado, la gran mayoría de estos títulos se ve bastante pobre en comparación con las obras de los estudios norteamericanos. Así mismo, hay una gran falta de originalidad en sus fórmulas, la misma que repite muchos de los clichés y esquemas trillados presentes en el cine de Hollywood.
No así esta película. Martín Fierro (2007, Norman Ruiz y Liliana Romero) es una animación que adapta con bastante fidelidad la obra de José Hernández El Gaucho Martín Fierro” en 1872. Es un relato épico, escrito en verso. Y este filme, que cuenta con los diseños de Roberto Fontanarrosa, creador de historietas como Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso, recrea, en forma vital y efectiva cada uno de los pasajes de dicho libro.
Es un relato vigoroso, vívido e intenso: Los diseños caricaturescos, lejos de aligerar la emoción presente en la trama, le da mucha más fuerza e intensidad, así como una poderosa cualidad expresiva.
En la animación, no existen limitaciones: La realidad misma puede estirarse, llevarse más allá de lo posible. Un rostro alegre es mucho más divertido, más jocoso; y un rostro triste o desolado puede adquirir un carácter mucho más dramático o desgarrador. En más de una ocasión, la irrealidad de los trazos y las figuras ha sido responsable de ocasionar una mayor cercanía al espectador, afirmando su verosimilitud como parte de un mundo propio, basado en la realidad, pero completamente independiente de ella.
En “Martín Fierro” la aparente sencillez de los diseños es la misma que confiere un mayor impacto a cada una de las escenas, captando la esencia misma de las situaciones descritas por el libro, sin perder por ello su cualidad lírica.
La caricatura, un proceso de distorsión de la realidad que nos permite verla de otra manera (En la gran mayoría de los casos, desde una perspectiva cómica o satírica) se vuelve aquí un elemento de caracterización, que confiere identidad (y humanidad) a cada uno de los personajes, aún a aquellos con el rol más insignificante. Los guiños de humor, pese a lo que podría pensarse por el aspecto “gracioso” de los personajes, son pocos, y sutiles; pequeños descansos en medio de una tensión permanente.
El lenguaje de la animación y del texto escrito aquí no están en pugna, sino en perfecta armonía: Los mismos fondos, hechos con hermosos colores y tonalidades delicadas, transmiten una maravillosa poesía, y hablan tan bien de la riqueza natural y de la vida gauchesca tan bien como el libro de Hernández.
No desentonan los poemas recitados por los personajes (Como si lo harían en una película de acción real) La animación también es música, sentimiento, poesía. La animación da una textura y color a las palabras, a los versos, a las notas musicales. Todo aquello que resultaría inadmisible o afectado en una película de acción real (En donde prima la verosimilitud ante todo) es permitido en el cine de acción real, dueño de un lenguaje y estilo propio.
“El Gaucho Martín Fierro” es considerado como el libro nacional de Argentina. Esta adaptación, que no imita voces extranjeras, sino que busca (Y encuentra) una voz propia, algo que marque y defina su identidad. No busca su inspiración en el extranjero, sino que esta viene de adentro. Es una obra que nos invita a buscar toda la riqueza cultural existente en nuestras propias nacionalidades, y nos permite ver y apreciar la belleza que hay en ella.


“Martín Fierro” es una película Argentina, Argentinísima, pero no hace falta ser Argentino para poder disfrutarla. Ni siquiera hace falta leer la obra en la cual se inspira, porque esta película tiene vida propia fuera del libro de Hernández. Es un trabajo realizado con sumo cuidado y dedicación, en la cual las emociones se desbordan y adquieren cualidades insospechadas.
“Martín Fierro” es una película animada que puede aspirar legítimamente a reclamar el título de obra maestra, y cuyas numerosas virtudes la hacen más que merecedora de ser considerada como un nuevo clásico dentro del género, permitiéndonos reconocer la fuerza y vigencia de las viejas historias, acercándolas más al público del tiempo presente.

2 comentarios:

Miquel Díaz dijo...

Aún no he escrito ningún artículo sobre animación latinoamericana aunque tengo en proyecto escribir 2: Caribe y Sur-America.

Por lo que he visto es cierto, todo son producciones modestas, pero se puede apreciar matices autóctonos en ellas.

Y si un país latinoamericano tiene una cultura de la animación es Argentina, es un país con muy buenos artístas y tampoco olvidemos que hicieron algunas series educativas que estaban bien como Calculin o el Libro Gordo de Petete. Tambien fueron los primeros en hacer un largometraje de animación, a pesar de que ese largometraje nadie lo recuerda porque se recicló para fabricar peines y Blanca-nieves se ha puesto las medallas de ser el primero.

Alvaro dijo...

Es cierto lo que dices: El año pasado escribí una entrada sobre Quirino Cristiani, director del primer largometraje animado:
http://muyanimado.blogspot.com/2008/08/la-triste-hsitoria-de-quirino-cristiani.html