viernes, 23 de abril de 2010

La Princesa Mononoke: Belleza y poderío


Esta película es uno de los más ambiciosos proyectos dentro de la industria animada mundial: En 1997, el aclamado director Hayao Miyazaki nos regaló una estupenda épica, comparable a relatos como “La Odisea” y “El Ramayana”, en la cual habitan dioses, demonios y humanos, siendo además uno de los exámenes más maduros y complejos acerca de la relación del hombre con la naturaleza.
Ajena a los maniqueísmos habituales en este tipo de películas, “La Princesa Mononoke” nos muestra dos bandos que pelean, pero no es el clásico duelo del Bien y el mal, sino el duelo de dos bandos en pugna por la supervivencia y el dominio, cada uno de ellos con razones válidas para defender sus puntos de vista.
Ashitaka, el arquetipo de héroe, es el único personaje que puede calificarse como enteramente “bueno”: Su valor y nobleza son las dos características cruciales que le permiten ser el nexo entre dos mundos en guerra, el del bosque y el de los humanos, el pasado y el futuro, que a pesar de creerse opuestos, en realidad son parte de un todo, elementos de una misma realidad.
Uno surge del otro: Los hombres surgen de la naturaleza y se rebelan contra ella, a fin de poder sobrevivir: La Dama Eboshi, brava guerrera de visión fuertemente humanista, no se detiene ante nada por defender a los suyos. Se opone al bosque, pero no por ambición, o por mero instinto cruel, como los villanos habituales de las películas con trama ecológica: Ella es esperanza de los desvalidos, desahuciados, los rechazados del mundo. Su ciudad- fortaleza (Un gran referente a la obra de Akira Kurosawa y John Ford) acoge a leprosos y chicas del bajo; reaviva sus expectativas de un mundo mejor.
Contra ella luchan los dioses, criaturas que lejos de ser perfectas, se muestran violentas y vengativas, si bien no son intrínsecamente malignas. Símbolos de las fuerzas de la naturaleza y el instinto, son una advertencia viva y presente para los hombres que desean ir más allá de lo que se les ha sido permitidos: La sociedad moderna no quiere reconocer dioses, y sale en su cacería, entrando en guerra con su pasado. Y esta es una ofensa que los habitantes del bosque no pueden permitir.
Pero el bosque no está solo en su lucha: San “La Princesa Mononoke” del título, es una criatura atrapada entre dos mundos: Fue echada a los lobos por la comunidad en la que vivía cuando era pequeña, y por esa razón, ella los detesta. Pero también el bosque, a pesar de la acogida que el dan la loba Moro y sus dos hijos, siente un fuerte rechazo a ella: San no ha dejado de ser humana, y los dioses del bosque no confían en ella, por más que les demuestre su lealtad.
Será su crucial encuentro con Ashitaka, (Quien se enamora de ella, logrando ver más allá de su actitud violenta y salvaje) el cual le permitirá redescubrir y aceptar su humanidad, logrando que ella también se convierta en un nexo (Aunque solo en parte) para restablecer el lazo roto entre el hombre y la naturaleza.
Ningún lado dará su brazo a torcer, y la confrontación será inevitable: Ambiciosos y oportunistas tratan de sacar ventaja en medio del caos, pero al final no será de ellos la decisión que pondrá fin a una guerra en apariencia interminable.
Se hace necesario decir, que, muy pocas veces se ha recreado con tanto poder y magnificencia visual la riqueza del mundo natural, como lo hace esta película: El bosque es fuente de belleza y de vida, pero también puede surgir de él la violencia y el peligro: Incluso el mismísimo dios Shishi, capaz de dar la vida y sanar las más terribles maldiciones, tiene su lado oscuro, y es poseedor de una violencia latente, la misma que puede ocasionar la destrucción de todos.


Es por esta razón, que muchos dicen, que esta es la película más oscura de Miyazaki. Incluso él mismo dice que “no hay final feliz en la guerra entre los hombres y los dioses furiosos.” Pero yo no lo creo así: Miyazaki nos muestra un mundo conflictivo, pero también lleno de luz y esperanza. La violencia no destruye todo aquello que es bueno y noble, y será precisamente un acto de perdón (El devolverle su cabeza al dios Shishi) lo que restaure el orden y la vida.
Miyazaki elige no matar a Eboshi, porque no es su objetivo condenar a la humanidad (Como si lo hacen películas como “Ferngully” y en mayor grado “Avatar”) sino que esta entienda que la naturaleza no es su enemiga, sino que también el hombre, con todo su progreso y su técnica, forma parte de ella. Y Eboshi es capaz de entender eso al final. Incluso San, a pesar de que no se siente capaz de perdonar a los humanos, acepta su amor por Ashitaka como una prueba de que se ha reconciliado con su humanidad perdida.


Al final, la paz es restablecida: El mismo terrible monstruo que amenaza con destruir la vida de todos, restaura, con su sacrificio, la vida del bosque y quienes lo habitan. El último cuadro nos muestra a un Kodama, pequeño espíritu del bosque que, al igual que la flor al final de El Laberinto del Fauno, simboliza la esperanza: Es la vida que surge de la muerte, el bien que obra aún en medio de un ambiente malo, la nobleza y bondad que todavía existen en el mundo, y que no desaparecerán, hagan lo que hagan los hombres. Esta es la certeza de su director, el mismo que nos invita a creer que un mundo mejor es posible, y que la paz duradera no es un sueño sino una labor de sacrificio, la cual no surge de la violencia (Así esta se escude en buenas intenciones) sino de la tolerancia y la comprensión, un crecimiento del espíritu que solo puede nacer en aquellos corazones que respetan el valor de cada una de las formas de vida.



4 comentarios:

Miquel Díaz dijo...

Nausicäa, Mi Vecino Totoro y La Princesa Mononoke son grandes películas ecologistas.

La trama de La Princesa Mononoke es una revision de Nausicaa... Pero metieron suficientes detalles propios como para que las dos películas sean diferentes.

mantenientoryb dijo...

Muy bueno Alvaro, precisamente es Mononoke la cinta que recomiendo a detractores del manga y el anime que creen que todo se limita a fan service y violencia descerebrada.
Incluso se nota que Avatar de Cameron es una calco de muchos conceptos aunque narrativamente, se queda muy abajo y es que pocas muy pocas peliculas tienen este tono moral de tantos matices que de verdad trata al publico como gente madura.

Alvaro dijo...

Muy buena película.

Miquel Díaz dijo...

Un día de estos tendríamos que hacer un artículo especial sobre: Películas que copiado James Cameron para hacer Avatar.

Cada día salen más!