viernes, 23 de abril de 2010

Bambi: La fragilidad de la belleza

Las preocupaciones ecológicas han ido adquiriendo una mayor cobertura mediática con el paso de las décadas: El séptimo arte no ha sido ajeno al impacto ambiental ejercido por la civilización, pasando por toda clase de obras, desde producciones de cine “B”, hasta filmes mucho más ambiciosos, tales como “Avatar” de James Cameron, que a pesar de ser un producto enteramente hollywoodense, hace una dura crítica al sistema y sus valores, a favor de una óptica místico-religiosa.
Desde luego, el cine animado no ha sido ajeno a estas preocupaciones: Acaso por tener protagonistas animales para sus tramas, los animadores han tenido que adaptarse a una sensibilidad muy especial, la misma que es capaz de conferir cualidades humanas a los seres que no lo son (Sean estos objetos, plantas o animales) y permitir así que los espectadores se sientan identificados.
Bambi (David Hand, 1942) adapta la nóvela “Bambi: Una vida en los bosques” de Felix Salten, volviéndola una obra propia, adaptada a la sensibilidad de los estudios Disney: Es una visión idílica de la naturaleza, en donde el bosque es refugio y fuente de vida, a semejanza del Jardín del Edén descrito en el Génesis: Nada malo puede surgir de este, porque es una Creación ideal, en donde todo tiene un orden, un significado, un balance. Incluso el único acto de violencia que surge desde el propio bosque (El duelo de Bambi en su adultez con otro ciervo) no es un acto que altere el orden de este ecosistema perfecto, sino que forma parte de un todo, un ciclo vital, un acto de vida, no de muerte.
No así la violencia ocasionada por los seres humanos, los cuales en esta película son una presencia invisible, pero real y amenazante, capaz de destruir y sembrar el caos. En “Bambi”, los seres humanos son los demonios que amenazan el futuro del bosque paradisiaco. Son agentes del caos, habitantes de otra realidad, que siguen otros valores y criterios, que los animales no pueden entender.
El mundo de Bambi es un Edén frágil, susceptible al ataque de cualquier invasor. Lo mismo ocurre con sus habitantes, los cuales, a pesar de ser amenazados, no pierden la inocencia, ni aún al momento de crecer: Es el disparo del cazador (Una fuerza mala o negativa) el que separa a Bambi de su madre, no la naturaleza (La cual es una fuerza enteramente positiva en esta película)
A algunos espectadores les puede molestar esta visión “acaramelada” e idealista de la naturaleza, alegando que esta no tiene nada que ver con la realidad. Pero el cine es ilusión, la creación de otros mundos a través de la visión de los realizadores, La ficción no tiene porque ser 100 % fiel a la realidad. Decir que “Bambi” no es más que un mero alegato anti- caza es un juicio apresurado e injusto: Sería como negar la inmensa cantidad de virtudes que esta película posee, tanto técnicas como narrativas.
Es admirable la forma como esta película recrea la tan conmovedora historia del pequeño ciervo, hasta volverlo un ícono cultural: Bambi es un arquetipo cuasi perfecto de la inocencia y la ternura, del mismo modo que E.T. y la niña de “El Laberinto del fauno”. El glorioso bosque creado por Disney no fue igualado sino hasta varias décadas después por Hayao Miyazaki, en su película “Mi Vecino Totoro” (la cual, por cierto, comparte más de un elemento en común con “Bambi” al ser la visión ideal de la naturaleza, sólo que aquí, los seres humanos viven en armonía con los animales y las criaturas del bosque)
A pesar del paso de los años, “Bambi” sigue vigente: Su delicada belleza es atemporal, como lo es la de su “Blancanieves” o la de la película “Pinocho”. Esta obra ha influido a muchas otras, no sólo de animación: ¿No se ve, acaso, en los ojos de E.T., la misma ternura, la misma inocencia frágil de Bambi? Bambi es una creación dibujada, está conformado por tinta y color, y sin embargo, sus alegrías y penas son tan, o más palpables que muchos relatos de acción viva. “Bambi” se ha vuelto una criatura real, presente en el imaginario colectivo, y esto es algo que aún los detractores más acérrimos de esta película tendrán que admitir: No ha surgido, desde el estreno de esta película, ninguna otra fábula de tan notable ternura y cautivante animación: A los animalitos de Bambi se les ha otorgado las más profundas cualidades humanas.


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